Como muy probablemente ya saben, la filosofía es el amor (filos) por el conocimiento-sabiduría (sofía). Siendo así la filosofía la encargada de hacer preguntas para desenterrar los conocimienos ocultos tras las rocas que construyen la realidad que nos es presentada como verdarera.
Allí donde descansa la razón , donde no parecería ser necesario indagar; en los cimientos de las conjeturas más antiguas de lo que algo es, allí, justo allí, es donde la filosofía remueve la costra para ver de qué están hechas nuestras creencias. Y hay veces en que aquello que parecía roca, resulta ser poliuretano cubierto de arena y pegamento; mampostería; concreto de utilería.
Es entonces donde pueden aplicarse los martillazos filosóficos que nos presentó Niezthche. Y así, cuestionar para deconstruir conceptos tan comunes que parecen incuestionables como : Maternidad, paternidad, familia. Y analizar, por ejemplo, cuánto de respetuoso tienen en realidad las nuevas tendencias en búsqueda de la “humanización del parto” y la “crianza respetuosa”.
Como primera instancia, me gustaría tomar la descripción del martillazo filosófico que diera el escritor y filósofo Argentino, Darío Sztajnszrajber , como si se hablara del martillo de un doctor (a propósito del rubro que vamos a abordar). Éste es un martillo que no destroza sino que ausculta. Y auscultar es quitar de lo oculto; el dr emprende una búsqueda en pro de hallar qué hay detrás de los síntomas.
El martillazo filosófico va a deconstruir, en el sentido, no de destruir, sino de desarmar para ver sus partes y encontrar su origen- de manera que podríamos establecer , a partir de allí, una lista de las ideas de las que se construye cada una de las creencias que vamos a abordar.
Dicho esto, comencemos :
- En la era del Renacimiento del parto, éste, apenas está coronando.
“La mercantilización del amor, es la muerte del amor.”, dijo un filósofo cuyo nombre no recuerdo.
“Si algo ha hecho la mercantilización de los temples mas originarios de la existencia, es disolver toda frontera hacia un pensamiento único, que diluye los matices.”
Vale mas su potencial de generar ganancia que su esencia o lo que la cosa en sí, es.
La mercantilización de cualquier cosa, es así, la muerte de su esencia. (lease Responsabilidad ante la mercantilización de la muerte (cómo la bioética puede salvar la vida de la muerte )
Así, la idea de que el parto Humanizado vino a sanar las heridas de un pasado lascivo que llevó al extremo ciertas ideas sobre la monogamia, la figura de la mujer, el capitalismo y todos estos sistemas de creencia hegemónicos, al punto de emplear actos visiblemente crueles e inhumanos como normativos del nacimiento, es falsa. Con esto quiero decir que, apenas hemos encontrado la punta de un ovillo que requiere no sólo clases psicoprofilácticas sino debates filosóficos profundos sobe la situación del nacimiento en el mundo , y , porque es lo que nos atraviesa, sobre todo, en Latinoamérica.
Hay muchos conceptos que atraviesan el tema del nacimiento, el parto, la pareja , la familia, los conceptos de paternidad, maternidad, crianza, amor, educación… y todos y cada uno de ellos son atravesados por uno invisible, tácito, que es el ejercicio del poder. El poder de unos sobre otros. O de uno sobre otros.
Duele escucharlo, molesta, incomoda. Porque imaginamos que en espacios tan sagrados como la maternidad, la familia,la crianza, etc, no tiene lugar el mal visto “ejercicio de poder.”
Si desmenuzando las creencias sobre el amor (y hay muchos libros, cursos y tratados filosóficos al respecto) podemos encontrar que amar es un acto que implica poder. Y que el poder es tácito en el desempeño del ser humano en su entorno. Es entones incluso esperable que todo lo que profetizamos sacro, se encuentre también impregnado del juego del poder.
Este ejercicio de poder no siempre es fácil notarlo, porque está normalizado. Sin embargo podemos tal vez alcanzar a verlo en lo mas grande, lo más visible:Por ejemplo en la mercantlizacion del nacimiento. (y me encantará traer a colación la mercantilización de la muerte)-
Qué acto puede ejercer mas poder sobre la vida de un ser humano que mercantilizar la llegada (y la salida) al mundo.
Y cómo se puede, en un mundo capitalista , desmercantilizar el nacimiento DE VERDAD. No estoy hablando de dejar de cobrar por atender un parto, o una cesárea. Dicen Diego Fontu y Juan Carlos Stauber en su estudio sobre la mercantilización de la muerte y la bioética que “Fue la realidad, concretamente sanitaria, con toda su crudeza y complejidad, la que forzó a la filosofía a resituarse en el mundo”. Por tanto nos toca ahondar en la posibilidad de cambiar tan de fondo el concepto de nacer (y del de morir)de manera que la economía de la mujer embarazada no representara un determinante en su forma de traer a sus hijos al mundo. (aunque después sí afecten como viven. Vamos a enfocarnos en el nacimiento). Parafraseando a Heiddeger, así como la esencia de la técnica no es nada técnico, tampoco el nacer o morir en la era de la técnica es algo técnico, sino que demanda un trabajo filosófico.
¿Cómo se cambia algo tan de raíz que se sienta casi como traer a germinar una semilla diferente, mas que de podar la misma planta (que es lo que pienso es el intento del parto humanizado, hoy)?, cómo revertir la “ progresiva desubjetivación, la desapropiación de aquello que Heidegger consideraba el lugar de existencia más propio en que uno es insustituible”. Para ello habrá que operar dede las las herramientas filosóficas que entrelazan nuestras creencias; ideologías sembradas en la modernidad, protocolos en medicina, abordaje de la partería, valoración de las tradiciones y mediante la profanación de sus raíces ideológicas, el sacrilegio a los conceptos que tenemos por normativos y la subsecuente subvercion, podamos verdaderamente establecer cambios políticos y sociales que acunen lo humano como propio. Lo natural como humano y resignificar desde allí palabras como MATERNIDAD, PATERNIDAD, FAMILIA, crianza, etc.
Sucede que hay palabras, actos, ideas que son cargadas, culturalmente, de un sentido sacramental. (Madre, parir, nacer respeto, crianza). Volviendo un desafío abordarlas desde la profanación, que es la que considero, la única forma de desarmarlas y reestructurarlas de origen. Está igual de profundamente arraigada la sensación de que el sacrilegio es “malo”, que rehuimos a elegirlo. Sin embargo, qué pasaría si le quitamos primero el peso de sacro a algunos conceptos y luego profanamos su significado. Profanar es recuperar algo que había sido expropiado de la comunidad para regresarlo a ella, y ponerlo su disposición. La profanación es un acto de recuperación.
Subversión es sacar las versiones que están por debajo. Es decir, desenterrar lo que nos ha sido escondido, negado, oculto. “Lo subversivo es un acto de redención”, dijo un filósofo por ahí. Hablo de restituir así el derecho al nacimiento. Recuperar lo mundano de parir (y de morir), contra los idealismos de la mercantilización del nacimiento. (y de los extremos de la vida en general).
Nos está pasando que la aparente restitución del nacimiento en la que nos encontramos, se ha mercantilizado. Con esto, ese acto que se proponía subversivo, de recuperación, que debía ser para volver a colocar en el pueblo aquello que le fue quitado, enterrado por tanto tiempo, sólo acabó por caer en el mismo juego de poder del que tratábamos de salir, ahora con la propaganda del respeto y de la humanización como bandera.
Por lo tanto, emancipar de sus versiones únicas todos esos preceptos que nos atraviesan cuando devenimos padres.
Las subversiones de la familia, de la crianza, de la maternidad y paternidad.
Sólo podemos abordar éstas temáticas desde la subversión, puesto que todo lo que no es subversivo (entiendace su origen: por debajo de la versión original) va a ser, por ende, “versivo”, es decir, igual o cómplice de la versión ultima, de la definición, la aceptada como norma. La que se designó como única, enterrando a todas estas subversiones que invito a desenterrar y cuestionar hoy.
(Comparto los diferentes puntos que me interesa cuestionar en las próximas entradas)
Mailén Parmiggiani
Artista Plástico, Doula, LCCE y estudiante de partería.
