¿Es la cesárea, fracaso?
“Parirás con dolor”, se ha trasmitido por generaciones. Y parece que con ello se nos ha orillado a creer que si el parto planeado se transforma en cesárea, hemos fracasado.
Como Doula, me ha tocado un sin número de veces, acompañar nacimientos que por una u otra razón, resultan en cesáreas. Me ha tocado ver cesáreas que son lo opuesto a humanizadas. Y estar presente en otras, que son mas amorosas y humanizadas que algunos partos vaginales que he tenido oportunidad de acompañar. Y tengo la sensación de que muchas mujeres se quedan con una sensación de fracaso, al haber recibido a sus bebés por cesárea.
Aparecen la necesidad de justificarse. De defenderse. Nos percibimos fuera del selecto grupo de las mujeres “exitosas”.
Pero puedes imaginar lo valiente que hay que ser para cambiar de plan? Para ir a un quirófano cuando querías evitarlo? Para soltar tus planes, tus deseos y hacer lo que toca hacer? Puedes imaginar lo valiente que hay que ser para haber llegado a dilatación completa y que el bebé no descienda y dejar todo y pasar a cesárea? Puedes imaginarte la valentía que hay que tener para aceptar que no tuviste ninguna contracción, que querías un parto y vas a ir a cirugía antes de sentir siquiera una contracción?
Y luego, voy a consulta postparto de una mujer que eligió la cesárea sin justificación médica. Que se siente espléndida con su elección, pero que carga una culpa enorme porque da fórmula. Que sienten la necesidad de justificarse explicando que “no tenía suficiente leche” o que el bebé “era muy demandante” y “es que”…
Y más tarde visito a otra mamá, una mujer que tuvo el parto natural más bello. Pero que no era como ella lo imaginaba. Y que tiene un compañero que es su igual en el equipo de la crianza, y que aún así, cree tener depresión postparto y siente culpa por estar triste cuando pensó que iba a estar felíz porque “todo está bien” y “esto es lo que quería”.
Regreso a casa con la sensación de que algo está mal. Pareciera que el bebé nace y con él una dosis de culpa que irá cambiando de forma a lo largo del tiempo. Que en realidad, se viene gestando desde nuestra infancia y se manifiesta de diversas maneras. De una u otra forma, nos invade la sensación de no ser suficientes. Sensación que se expande por los confines del tiempo, haciendo que nos imaginemos insuficientes para todo lo que la maternidad requiera de ahora en más. Y eso, desanima. Vuelve pesado el presente: cargada de dudas, pero dudando sobre todo, de nosotras mismas. Vuelve pesado, el recibir las visitas, a quienes percibimos como jueces implacables ante los que hay que demostrar. Vuelve pesado mirarse al espejo. Usar el rebozo o la carreola, la teta o el biberón. El pañal de tela o el deshechable. La papilla o el BLW. etc, etc, etc… Vuelve pesado el cambiar de opinión. El elegir algo diferente a lo que creí que elegiría.
Quiero decirles a todas las mujeres, madres o no, que son valientes todas. Que cada mujer que pare, es símbolo de fortaleza y valentía. Que cada mujer que recibe a su bebé por cesárea, es símbolo de fortaleza y valentía. Que cada mujer que decide no tener hijos, es símbolo de fortaleza y valentía. Que cada mujer que busca quedar embarazada y recibe a su período otro més mas, es símbolo de fortaleza y valentía. Que cada mujer que cambia de opinión, es símbolo de fortaleza y valentía. Que cada mujer que continúa, a pesar de todo, es símbolo de fortaleza y valentía.
Porque ejercer de sí mísmos, y aprender a recibir la vida como viene, con sus consecuencias y ocupar las experiencias -cuales sean- para construirnos, en vez de destruirnos, requiere, diario, fortalezas y valentías de los más variados colores. Estar vivos, amigos mios, es un acto de fortaleza y valentía, 24/7.
Y por eso,
Toma tu tiempo, recibe el día con lo que trae y lo que traiga. Nutre la calma. Lo haces bien. El camino está lleno de piedras, y bajo las piedras más grandes, se hayan los tesoros para el espíritu.
Confía.

